Si queremos que la “nueva normalidad” sea mejor debemos incluir a las personas con discapacidad

La crisis de la COVID-19 plantea desafíos particulares a las personas con discapacidad, pero las reformas de los sistemas económicos y sociales en respuesta a la pandemia ofrecen la oportunidad de construir una “normalidad” mejor y un fututo más inclusivo.

Opinión | 4 de junio de 2020
Firehiwot Tadese, Firehiwot Tadese, pasante, Inclusión de la discapacidad, Servicio de Género, Igualdad y Diversidad & OIT/SIDA

Al igual que muchas personas en Ginebra, paso el confinamiento de la COVID-19  lejos de mi país de origen. Soy originaria de Addis Abeba, Etiopía, tengo una maestría en Fundamentos culturales de educación de la Universidad de Siracusa con estudios avanzados en Estudios sobre la Discapacidad. Además, mi sistema inmunitario está debilitado, por ello durante esta crisis, el aislamiento es vital para mantenerme saludable.

Si hubiese podido regresar a Etiopía, serían muchos los aspectos positivos, como mi red de apoyo social. Sin embargo, trabajar en la sede de la OIT en Suiza también tiene beneficios. Me ha hecho reflexionar sobre la situación de las personas con discapacidad durante la crisis de la COVID-19 tanto en los países “desarrollados” como en los “en desarrollo”, y cómo – si hacemos cambios – las cosas podrían ser mucho mejor para todos nosotros cuando termine esta crisis.

Para empezar, estoy teletrabajando. Es fantástico que la tecnología esté haciendo realidad la accesibilidad y la inclusión de algunas personas con discapacidad. Pero estas “algunas” son una minoría. Si estuviese en Etiopía, no podría trabajar a distancia a causa del acceso limitado a la tecnología y a Internet. En efecto, cuando se trata de acceso a la tecnología, la mayoría de los países del Sur – donde vive más de 80 por ciento de las personas con discapacidad – tienen mucho retraso.

En Ginebra, también compro los alimentos en línea, lo cual no sería posible en Addis Abeba. De hecho, sería difícil para mí ir a las tiendas ya que, aún antes de la crisis, el sistema de transporte público era prácticamente inaccesible. Con la situación creada por la COVID-19, la situación sería peor porque necesitaría ayuda para subir y bajar de los autobuses y sujetarme a los pasamanos en las escaleras, todo lo cual aumentaría mi riesgo de contagio del virus.

También me siento privilegiada porque tengo un empleo, uno que me apasiona. La mayoría de las mil millones de personas con discapacidad del mundo no tiene un empleo y, si lo tiene, es probable que sea en la economía informal. Su última preocupación es decidir qué comprar en línea, se preocupan por tener comida en la mesa.

Como mujer con discapacidad, sé de primera mano que la discriminación y la exclusión pueden existir a causa de mi sexo y mi discapacidad. En todo el mundo, las mujeres con discapacidad enfrentar obstáculos aún mayores para entrar en el mercado de trabajo que los hombres en la misma situación. Todavía no sabemos con certeza qué impacto está teniendo la crisis actual sobre el empleo de las personas con discapacidad, pero en las crisis anteriores se encontraban entre las primeras en perder el empleo, sobre todo las mujeres con discapacidad.

Además, las medidas de protección social convencionales por lo general no cubren a las personas con discapacidad de manera adecuada. Cuando hablamos de prestaciones sociales por discapacidad específicas, constatamos que sólo uno por ciento de las personas con discapacidades severas puede acceder a ellas.

Un nuevo informe de la OIT, COVID-19 and the World of Work: Ensuring the inclusion of persons with disabilities at all stages of the response  (COVID-19 y el mundo del trabajo: Garantizar la inclusión de las personas con discapacidad en todas las fases de la respuesta), pone de manifiesto que las desigualdades preexistentes que sufren las personas con discapacidad agravan la amenaza que representa la COVID-19 para sus vidas y sus medios de subsistencia.

Al mismo tiempo, el informe también señala que el virus ofrece la posibilidad de cambiar esta situación. La “nueva normalidad” después de la pandemia también puede ser una “normalidad mejor”, tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo. Pero sólo si incluye y respeta las opiniones, las necesidades y los derechos de las personas con discapacidad.

Como indica el informe de la OIT, “Esta es una oportunidad para reforzar los derechos de las personas con discapacidad y mejorar su inclusión en la vida económica y social… Un futuro del trabajo más inclusivo para todos es posible”.

Por Firehiwot Tadese, pasante, Inclusión de la discapacidad, Servicio de Género, Igualdad y Diversidad & OIT/SIDA