El mundo del trabajo se ve profundamente afectado por la pandemia mundial del virus. Además de ser una amenaza para la salud pública, las perturbaciones a nivel económico y social ponen en peligro los medios de vida a largo plazo y el bienestar de millones de personas. La OIT y sus mandantes –gobiernos, trabajadores y empleadores– tendrán un papel decisivo en la lucha contra el brote, pues han de velar por la seguridad de las personas y la sostenibilidad de las empresas y los puestos de trabajo.

Intentar aprovechar lo bueno de la pandemia de la COVID-19

El levantamiento paulatino de las restricciones de confinamiento en los países brinda la oportunidad de aprovechar los avances medioambientales logrados durante la pandemia.

Opinión | 5 de junio de 2020
Moustapha Kamal Gueye, Coordinador del Programa de la OIT para los empleos verdes

La tragedia de la pandemia de la COVID-19  en el plano humano ha traído consigo una ventaja inesperada.

El cierre de las industrias durante meses y la prohibición del tráfico de vehículos en las vías públicas de nuestras ciudades han dado lugar a una drástica disminución de los niveles de contaminación atmosférica y de emisiones de gases de efecto invernadero en todo el planeta.

Por otro lado, la alteración de los sistemas alimentarios a escala mundial ha fomentado la agricultura urbana. En Bangkok y París, por ejemplo, las medidas de confinamiento han propiciado que cada vez más habitantes de esas ciudades cultiven frutas y verduras en su hogar. En Singapur, país que importa más del 90% de sus alimentos, se ha fijado el objetivo de satisfacer a escala local el 30% de sus necesidades nutricionales para 2030, y se ha alentado a las comunidades y a las empresas sociales a llevar a cabo actividades de agricultura urbana.

© Gabriel Kamener, Sown Together

En varios países africanos, empresarios sociales, universidades y particulares han elaborado varios productos ecológicos rentables para hacer frente al virus. Por ejemplo, se han desarrollado diversos prototipos de sistemas de lavado de manos sin contacto mediante materiales reciclados y/o reutilizados de carpinteros y soldadores. Además, destacados proveedores de envasado estudian nuevas formas de producir envases sostenibles en el plano medioambiental, por el enorme desarrollo de los servicios de comercio electrónico y entrega a domicilio que se ha registrado durante la pandemia.

© michael davis-burchat

Milán, ciudad del norte de Italia particularmente afectada por el virus, y una de las más contaminadas de Europa, va a transformar 35 km de vías públicas en una red urbana experimental de espacios para bicicletas y viandantes, con objeto de proteger a sus residentes a medida que se levantan las restricciones impuestas por la COVID-19.

La pandemia también ha propiciado la implantación en algunas empresas de nuevas medidas de gestión medioambiental y de riesgos de catástrofe en el marco de sus sistemas de planificación empresarial, así como inversiones en cadenas de suministro sostenibles, para protegerse de posibles otras crisis en el futuro.

Sin embargo, el levantamiento de las medidas de confinamiento en todo el mundo ya ha provocado un aumento de los niveles de contaminación y de emisión de gases de efecto invernadero a medida que los países retoman su “situación habitual”.

Si bien la pandemia ha puesto de manifiesto la posibilidad de llevar a cabo útiles y profundas transformaciones en el plano medioambiental en un breve espacio de tiempo, también ha demostrado la facilidad con la que el planeta puede volver a adoptar sus anteriores prácticas antiecológicas.

Antes de la pandemia, varios estudios de la OIT  pusieron de relieve que si el ritmo de calentamiento del planeta no se reducía, podría producirse para 2030 una disminución de la productividad laboral equiparable a 80 millones de puestos de trabajo a tiempo completo como consecuencia del estrés térmico.

También es posible que la transformación del medio ambiente natural como consecuencia del cambio climático tenga un efecto adverso en 1.200 millones de empleos, a saber, el 40% de la fuerza de trabajo mundial, aproximadamente, con respecto a determinados ecosistemas y los servicios que permiten prestar, en particular en lo concerniente a la regulación de sistemas hídricos, la fertilidad del suelo o la masa forestal.

Por esos motivos, los líderes gubernamentales, industriales, sindicales y de la sociedad civil abogan por que la recuperación que se produzca después de la crisis de la COVID-19 no constituya un mero regreso al pasado. Es necesario que en su lugar se apliquen medidas de respuesta coherentes e integradas a fin de facilitar una recuperación en los planos económico y social y fomentar economías y sociedades más resilientes frente a crisis futuras, más sostenibles y menos perjudiciales para la salud humana y los ecosistemas y que, en última instancia, fomenten el empleo y la generación de ingresos.

El diálogo social brinda a los gobiernos y a las organizaciones de trabajadores y de empleadores la oportunidad de forjar un sólido consenso y lograr un amplio respaldo para promover una recuperación sostenible que facilite la creación de empleo, dé lugar a empresas y puestos de trabajo resilientes y fomente la sostenibilidad medioambiental.

Las innovaciones en materia de economías verdes y circulares y las transformaciones que se han producido en materia de prácticas empresariales y laborales, así como con respecto a las políticas públicas y la actitud de los consumidores durante esta crisis, han demostrado que es posible lograr una recuperación sostenible después de la crisis de la COVID-19.

Por Moustapha Kamal Gueye, Coordinador del Programa de la OIT para los empleos verdes .